Una mirada seria a la homosexualidad

No hay duda de que sigue siendo muy difícil para los padres asumir el hecho de que uno de sus hijos, sea mujer u hombre, les manifieste su condición de homosexualidad, esto se da porque es una costumbre ver parejas de solo hombre- mujer, pero este concepto, a pesar de ser cierto, no es el único, es como cuando pensamos que todos los coches del mundo tiene 4 llantas, y luego vemos uno que es más moderno y tiene 3. Si, ya sabemos que el ejemplo no es el mejor, pero es una forma de decir que no hay una uniformidad estricta de amplio cumplimiento.

Nuestros tiempos son “extraños”, desde la visión de los que vivimos en épocas donde el concepto de familia y en sí el de la vida estaba girando en torno a una sola cosa que conglomeraba ciertos aspectos: sales del colegio, vas a la universidad, te gradúas, consigues un buen trabajo con el cual puedes mantener a una mujer, te casas, tienes hijos con ella y viven felices para siempre… la frase clave que podemos rescatar de ese resumen de nuestra vida, esa que todos presenciamos es “relacionarse con una mujer”… pero, ¿hasta qué punto el concepto de hombre y mujer debe ser el único?

Antes una persona definía su sexualidad a causa de lo que veía en sus padres. Supongamos el pensamiento de un niño del año 1970, con 7 u 8 años: un día su maestra le pregunta que quiere hacer cuando esté grande y él responde lo mismo que todos sus compañeros: “quiero ser doctor, curar a las personas y casarme” y aunque no decía bien con quién se iba a casar, todos lo suponían: con una mujer; o con un hombre si era una niña, pero si hoy lo haces con un chiquillo de unos 14 años, lo más seguro es que te diga lo siguiente: “quiero viajar por el mundo con una persona aventurera”, y por persona no se refiere a un chico o una chica, sino a “alguien”, y es que quizás ese niño o niña, ya tiene una inclinación hacia el otro género, o hacia el propio, pero es aún muy pronto o quizás no es el espacio, o tal vez sus compañeros se van a burlar de él, o no quiere pasar vergüenzas, o lo que sea, el hecho es que no especifica si es con una persona del mismo género.

Siempre he dicho que los tabús se fundan gracias a la perspectiva de tradición que tenemos de algo: nadie habla de las partes reproductivas de un hombre o una mujer, simplemente porque es la cultura de la intimidad, es la tradición de que si hay algo que hablar se haga solo con la pareja… “al resto del mundo no le importa”, igual pasa con la homosexualidad: no se habla porque es algo errado, algo que no debe ser comentado con y por nadie.

Más sin embargo estas conductas, solo se encaminan a la pérdida de valores sociales, de confianza familiar, de desahogo en los de nuestra propia raza. De hecho muchos alguna vez hemos escuchado la noticia del niño gay que se suicidó porque sus compañeros hacían mofa de su condición. Y justo allí es donde recae la responsabilidad de la sociedad, y por sociedad entendemos a cada miembro, cada ser humano que respire, es la responsabilidad desde casa de asumir la homosexualidad como un término nuevo que debe ser respetado, sin apartar, sin considerar maligno o en casos extremos el producto de una enfermedad mental, es más muchos deportistas, artistas y políticos, grandes pensadores se han declarado homosexuales (aplica para las mujeres) y son unos genios en lo que se hace, así que el hecho de que sean “diferentes” desde cualquier punto de vista, no necesariamente implica que sean incapaces.

Es hora de dejar de humillar y masacrar con palabras e indiferencia nuestro diverso mundo, y tener el coraje de asumir con “normalidad” a otros seres, que igual que tú y yo, son humanos.

El respeto al hablar de sexo

Nuestra época, es especialmente liberada y abierta a temas de sexualidad que implican el hablar abiertamente sobre asuntos que antes eran considerados tabú. Muchos padres hoy en día están logrando entablar pláticas sanas, amenas, que fortalecen los lazos de protección y de compromiso con el cuerpo y se ha llegado al punto de compartir asuntos sexuales entre padres e hijos, más sin embargo hay cierta población a la que se le hace difícil aún hablar de sexo.

Es un tema como cualquiera y es lo primero que debemos saber y es tan necesario como útil conocer algunas pautas para hablar sobre este, ya que a pesar de ser tan corriente, toca fibras muy personales que no todos están dispuestos a discutir o a compartir con otro por la simple razón de que somos seres humanos libres capaces de decidir lo que queremos y lo que no, y en el sexo hay mucho de ellos.

El respeto y la formalidad: la sexualidad no es un tema del cual estar burlándose o sacando gracias, es un tema serio puesto que implica una parte de nuestra personalidad que no es vista por todo el mundo, es más, puede que solo sea compartida con el otro, con a pareja, y esa intimidad es prácticamente un asunto de los más sagrados que hay.

Al hablar de sexo se debe recurrir a una postura de entendimiento, a un lenguaje preciso en el que no haya espacio para el secreto ni mucho menos para el morbo. Cuando dos personas se sientan a hablar de la funcionalidad de sus cuerpos es bueno no considerarlo un tabú y llamar cada parte por el nombre que le hemos dado a lo largo de los años: “al pan, pan; y al vino, vino”. Ese es quizás uno de los problemas más comunes: que a alguien se le dificulte nombrar el miembro del sexo opuesto o en defecto el propio y en parte es comprensible por nuestra cultura donde consideramos que es algo muy propio, lo que no está mal.

Más sin embargo, el hecho ser algo con lo cual convivimos de forma unipersonal, no quiere decir que en determinado momento no podamos compartir una experiencia o un consejo, incluso hacerle saber a un especialista que algo va mal en  nuestra vida sexual, y referente a ello hay decenas de estudios que retratan el solo temor de hablar: se cree que un gran porcentaje de la población mundial en algún momento sintió curiosidad por algo extraño referente a su sexualidad como individuo, pero por vergüenza o miedo a ser señalado, no dijo, ni hizo nada para informarse.

Lo anterior se convierte en un problema cuando no solo estamos hablando de “una conducta extraña” durante o incluso sin relaciones sexuales, sino también de problemas médicos que comprometen la salud de una manera completamente directa. Hablar de sexo no congrega solo el acto en sí, sino también todo lo que gire en torno a las parte de nuestro cuerpo que están llamadas a dicho acto, en otras palabras, el sexo no es morbo, el sexo es un conjunto de actividades inherentes a nosotros como humanos, a personas, y entre esas actividades debemos evaluar la anormalidad y levantarnos de nuestros puestos para buscar ayuda a tiempo.

Platicar sobre sexo desde edades tempranas es más que necesario para evitar problemas, y cuando los halla buscar una forma de resolverlo en un tiempo prudente y con ayuda de especialistas, siempre, claro está, usando un lenguaje apropiado en donde no se violente la dignidad del otro bajo ninguna circunstancia, pero donde se haga comprender el porqué del todo que somos.