El respeto al hablar de sexo

Nuestra época, es especialmente liberada y abierta a temas de sexualidad que implican el hablar abiertamente sobre asuntos que antes eran considerados tabú. Muchos padres hoy en día están logrando entablar pláticas sanas, amenas, que fortalecen los lazos de protección y de compromiso con el cuerpo y se ha llegado al punto de compartir asuntos sexuales entre padres e hijos, más sin embargo hay cierta población a la que se le hace difícil aún hablar de sexo.

Es un tema como cualquiera y es lo primero que debemos saber y es tan necesario como útil conocer algunas pautas para hablar sobre este, ya que a pesar de ser tan corriente, toca fibras muy personales que no todos están dispuestos a discutir o a compartir con otro por la simple razón de que somos seres humanos libres capaces de decidir lo que queremos y lo que no, y en el sexo hay mucho de ellos.

El respeto y la formalidad: la sexualidad no es un tema del cual estar burlándose o sacando gracias, es un tema serio puesto que implica una parte de nuestra personalidad que no es vista por todo el mundo, es más, puede que solo sea compartida con el otro, con a pareja, y esa intimidad es prácticamente un asunto de los más sagrados que hay.

Al hablar de sexo se debe recurrir a una postura de entendimiento, a un lenguaje preciso en el que no haya espacio para el secreto ni mucho menos para el morbo. Cuando dos personas se sientan a hablar de la funcionalidad de sus cuerpos es bueno no considerarlo un tabú y llamar cada parte por el nombre que le hemos dado a lo largo de los años: “al pan, pan; y al vino, vino”. Ese es quizás uno de los problemas más comunes: que a alguien se le dificulte nombrar el miembro del sexo opuesto o en defecto el propio y en parte es comprensible por nuestra cultura donde consideramos que es algo muy propio, lo que no está mal.

Más sin embargo, el hecho ser algo con lo cual convivimos de forma unipersonal, no quiere decir que en determinado momento no podamos compartir una experiencia o un consejo, incluso hacerle saber a un especialista que algo va mal en  nuestra vida sexual, y referente a ello hay decenas de estudios que retratan el solo temor de hablar: se cree que un gran porcentaje de la población mundial en algún momento sintió curiosidad por algo extraño referente a su sexualidad como individuo, pero por vergüenza o miedo a ser señalado, no dijo, ni hizo nada para informarse.

Lo anterior se convierte en un problema cuando no solo estamos hablando de “una conducta extraña” durante o incluso sin relaciones sexuales, sino también de problemas médicos que comprometen la salud de una manera completamente directa. Hablar de sexo no congrega solo el acto en sí, sino también todo lo que gire en torno a las parte de nuestro cuerpo que están llamadas a dicho acto, en otras palabras, el sexo no es morbo, el sexo es un conjunto de actividades inherentes a nosotros como humanos, a personas, y entre esas actividades debemos evaluar la anormalidad y levantarnos de nuestros puestos para buscar ayuda a tiempo.

Platicar sobre sexo desde edades tempranas es más que necesario para evitar problemas, y cuando los halla buscar una forma de resolverlo en un tiempo prudente y con ayuda de especialistas, siempre, claro está, usando un lenguaje apropiado en donde no se violente la dignidad del otro bajo ninguna circunstancia, pero donde se haga comprender el porqué del todo que somos.